Alfredo Ferraresi

Militante incondicional de mil batallas

Su trayectoria de dirigente-militante estuvo signada por un fortísimo vínculo con el pueblo.

Alfredo Luis Ferraresi nació el 10 de marzo de 1932 en La Boca, barrio obrero y cuna de movimientos anarquistas y socialistas en las primeras décadas del siglo XX. Siendo adolescente, fue testigo de los sucesos del “17 de Octubre”. Aquel día, su barrio fue atravesado por decenas de miles de trabajadores provenientes del Sur del conurbano que se dirigían a Plaza de Mayo a exigir la liberación de Juan Domingo Perón. A pedido de su padre, Alfredo salió a la calle para verificar lo que transmitía la radio y quedó sorprendido al ver, desde el puente viejo de La Boca, la marea humana que cruzaba el riachuelo. Muchas personas lo hacían nadando. Esa epopeya lo marcó para siempre.
Poco después, falleció su padre, razón por la que abandonó el colegio industrial e ingresó a trabajar en la Farmacia Cánepa, contando con 13 años para ayudar “a parar la olla” de su casa. Alfredo nos ha contado que, de todas las tareas que desempeñó como empleado de esa farmacia, la que más le agradaba era la de llevarle remedios a Evita a la Casa de Gobierno. Nos relataba que sus vecinos de La Boca le daban cartitas dirigidas a Evita solicitando máquinas de coser, trabajo, y hasta viviendas. Ferraresi se las entregaba en mano y fue testigo de las respuestas y las soluciones que “la abanderada de los humildes” les daba.
El dueño de la Farmacia Cánepa era Amadeo Barrios, un hombre que hizo un culto de la solidaridad en una época brava como la de la Década Infame. En su farmacia trabajaban directivos del Sindicato como Domingo Blade, Manuel Gardella y Simón Papagno, quienes además de desarrollar una lucha reivindicativa ejemplar, habían trabajado para ayudar a los republicanos españoles que se batieron en las trincheras de la Guerra Civil contra los falangistas reaccionarios.
 El Sindicato colectó fondos y envió a España a dos compañeros (Roberto Fierro y Jesús Castilla) a combatir por la República. También envió una ambulancia y una máquina para fabricar medicamentos. El ambiente de la Farmacia Cánepa, donde Alfredo ingresó el 2 de enero de 1946, fue fundamental en la formación de su conciencia política.
 En su segundo día de trabajo, el propietario de la farmacia llamó a dos de sus empleados y les sugirió que llevaran a Ferraresi al sindicato, que lo afiliaran y lo inscribieran en los cursos de capacitación profesional.
En abril del mismo año realizó el curso de capacitación en el Laboratorio Escuela de la sede de la calle Victoria, e impulsó la afiliación al sindicato de otros cadetes de farmacias.
El éxito de esa iniciativa generó la formación de la Comisión Juvenil del Sindicato.
Ferraresi fue testigo de la fundación de la Federación Nacional, que se concretó en 1946, cuando, además, se logró el primer Convenio Colectivo de Trabajo.
En julio de 1949, el sindicato compró el inmueble de Rincón 1044, que sería la sede del gremio y se transformaría en la segunda casa de Alfredo hasta sus últimos días.
La “Década Peronista” fue para Ferraresi uno de los períodos más felices de su vida. Años en que fue creciendo y viendo cómo se realizaba el proyecto nacional, popular, anti imperialista y democrático que encabezaba el presidente Perón. Militando en su gremio y apoyando al gobierno, Alfredo había encontrado “su misión en la vida”.
Era un joven humilde, sólo con instrucción primaria, que estaba participando de un proceso histórico sin igual en la Argentina. Lamentablemente, esa etapa tuvo su trágico final en septiembre de 1955.
El golpe militar que derrocó a Perón se llevó a cabo para modificar y destruir todo lo hecho durante 10 años de gobierno peronista. La economía nacional, la dignidad de país soberano y toda la acción tendiente a instaurar la justicia social fueron atacadas impiadosamente por el nuevo gobierno.
 Había que comenzar la entrega del país y escarmentar al pueblo que se atrevió a llevar adelante un proceso nacional. Con ese objetivo, la dictadura desató una represión feroz y puso en la mira a las organizaciones gremiales que eran el sostén de la organización popular y así fue que procedió a intervenirlas, saquearlas y encarcelar a sus dirigentes.
La finalidad del gobierno consistió en el exterminio del peronismo como expresión política y el sometimiento de la clase trabajadora.
Para ello se prohibió la exhibición y exteriorización de los símbolos peronistas, se encarceló a miles de militantes, se llevó a las fuerzas armadas a las fábricas para presionar a los trabajadores, se anularon comisiones internas y cuerpos de delegados, además de implementar despidos, suspensiones, cambios de sistemas de trabajo, pérdidas de conquistas y beneficios.
El hostigamiento político alcanzó su mayor grado de expresión con los bombardeos a la Plaza de Mayo en junio de 1955 y posteriormente con los fusilamientos de junio de 1956 con los que reprimió a los participantes del levantamiento patriótico encabezado por el General Valle. Un par de años más tarde se impuso el Plan Conintes (conmoción interna) que suspendía las garantías personales, imponía el Estado de sitio y la facultad de detener arbitrariamente a los ciudadanos.
A esta impiadosa represión, el pueblo le opuso su decidida acción; a las marchas, movilizaciones y barricadas le sumó la huelga y la toma de establecimientos, junto con el sabotaje y las bombas, los atentados y el enfrentamiento en todo lugar donde se dieran las circunstancias. En las calles y en las fábricas miles de trabajadores producían diariamente actos de rebeldía que ponían en jaque la acción del gobierno.
Era la Resistencia Peronista que reproducía miles y miles de nuevos combatientes contra el proyecto antinacional. Alfredo Ferraresi se destacaría en ese enorme contingente.
Son horas que conmueven al gremio, el encarcelamiento de muchos de los dirigentes de ADEF, la deserción de otros y la intervención del sindicato por parte del gobierno militar, provocan una reestructuración interna que da espacio al surgimiento de Jorge Di Pascuale, quien dejará en el ámbito sindical argentino una huella imperecedera en la historia del Movimiento Obrero Nacional.
En este marco se da, recién en 1957, la convocatoria a elecciones en el Sindicato de Empleados de Farmacia. Se realizaron 3 actos electorales consecutivos (ya que la intervención se negaba a entregar el gremio a los vencedores), y en ellos se impone la Agrupación “22 de diciembre” - Lista Blanca, fundada por Jorge Di Pascuale, Alfredo L. Ferraresi, Horacio Mujica, José Manuel Azcurra y Horacio Cincualbres, entre otros. A partir de entonces, Di Pascuale se convierte en Secretario General.
 En lo interno comienza a consolidar el gremio y a organizarlo sólidamente. Hacia afuera, el sindicato participa en 1957 del histórico congreso de La Falda, donde el
Movimiento Obrero elabora un programa revolucionario para enfrentar la crisis nacional, además, funda la “Intersindical” con el objetivo de arrancarle al gobierno la normalización de los gremios intervenidos hasta que se crean las “62 organizaciones peronistas” y Di Pascuale integra la mesa directiva de esa nueva instancia de organización peronista.